Entonces, me acostumbré a estar en silencio, esconderme detrás del \"no pasa nada\", con la máscara de \"estoy bien\".
Eso era hasta que un día llegó la amenaza, y me di cuenta que se orquestaba un plan para que mi silencio fuera permanente.
Así que, le platiqué a una amiga, después a otra y a otra, por si algo me pasaba, ellas supieran que: No escapé, No abandoné a mis hijos, u cualquier otro invento que pudiera surgir.
Sentí que ellas serían la voz, que por miedo yo no tenía.
Lloré, y sigo llorando; porque no debe ser un privilegio estar con vida, lo que debería ser un derecho, sentirme segura.
Lloro, porque sé que no soy la única; la injusticia se normaliza.
Ahora hablo, porque aprendí que el silencio lleva a la tragedia y a más violencia.
Porque ser mujer, no debería doler tanto.
Porque Amar, es No Hacer Daño.