Desde este día de febrero,
ni quiero ni puedo
tragarme el agua de un mar,
para apagar una sed
que no es de ahora,
que desde antaño
viene secándome
sombra y palabras.
Para volver a los sueños,
sólo necesito una lágrima
que me deje pisar su suelo arenoso.
Con mi traje de buzo y escafandra,
bajar hasta tocar fondo
para arañar su capa
de sal sedimentaria,
para hacer peldaños
con las raspas
de sus muertos,
para ascender hasta el aire
los días que hace olas
con los besos..
Para volver a la vida,
pido una piedra pequeña
en un zapato,
para hacer una montaña
que toque el cielo,
para preguntarle,
cara a cara,
dónde almaceno los deseos,
qué tapo con el corcho de mi vida,
dónde se tira la botella,
para que se sepa
que estoy náufrago.