Si yo hubiera sabido
que el amor era este ritmo de presencia,
un volante seguro hacia la dicha
y esa simpleza total de ir avanzando.
¡Qué error buscar las cumbres del delirio!
El amor era el mapa de tu mano,
la caricia que enciende los motores
y esa mirada fugaz, casi perdida,
que nos dicta la ruta en el silencio.
Habría aceptado el sueño compartido,
no como un ancla, sino como un vuelo,
un despertar que es lanzarse a la vida
con la alegría de lo que es común.
Un beso al aire... ¡qué señal tan clara!
Un semáforo en verde hacia lo eterno
que habita en el rincón de nuestro cuarto.
Me habría entregado así, sin inventarme
ilusiones de vidrio o de leyenda,
viviendo este amor de luz y de asfalto,
sencillamente tuyo,
en la paz de saber que estás conmigo.