No fue el azar; fue todo decidido:
mi esperanza murió, quedó olvidada.
Late un pecho cansado, ya rendido,
bajo el llanto de lluvia derramada.
Arrojé yo la llave al hondo abismo,
entre el barro y la tierra desolada.
Me perdí en tu mirada y su espejismo,
con el alma en pena, hoy empapada.
Fue un error, un triste y mal descuido;
tu silencio es la niebla en mi morada.
En el bosque me siento tan perdido,
al sentir que mi vida ya no es nada.
Es el peso de todo lo perdido:
nuestras almas se van sentenciadas.
Todo amor nació ya fallecido,
cuando la lluvia borró sus alboradas.
Carlos Lagui
Oaxaca. México. 2026
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