jesus alberto porras

Quimera

 

Mi decisión de amarte

fue apenas un acto de libre albedrío,

un pequeño gesto del alma

que abrió la puerta

a la quimera.

Y desde entonces

mi razón quedó derrumbada

como una casa vieja bajo la tormenta,

mientras el corazón

—terco, indomable—

seguía pronunciando tu nombre

en cada latido.

¿Cómo decirle ahora

que todo fue una ilusión,

que el libre albedrío se marchó

como un pájaro cansado al anochecer,

y que solo queda

esta pasión desobediente

que esclaviza mi sangre?

Intento contener

estas ganas salvajes de amarte,

pero cada día despierto

con tu sombra respirando en mi pecho.

No puedo estar un minuto

sin pensarte.

Quisiera que todo terminara,

que el silencio cerrara esta herida,

pero tu voz

—esa voz que aún arde—

se quedó clavada en mi mente

como una espina de luz.

Y aquí estoy,

con un corazón doliente

que sigue buscándote

en medio de la noche.