El aprender a soltar
Aprender a soltar…
suena tan aterrador,
y para mí lo es.
Durante tanto tiempo
me ha costado dejar ir a las personas,
porque me aferro a los recuerdos,
a la nostalgia,
a esos momentos que alguna vez
se sintieron eternos.
Pero con el tiempo entendí algo:
las personas suelen ser etapas,
capítulos que llegan a nuestra vida
para enseñarnos algo
y luego, silenciosamente, se marchan.
Entendí que nací
sin muchas de las personas
que hoy extraño,
y que en este camino llamado vida
a veces perdemos amistades,
o simplemente las dejamos atrás.
No siempre porque falte amor,
sino porque cada quien
sigue su propio destino.
Y también comprendí
que así como algunas personas se van,
otras nuevas llegan,
con historias distintas,
con risas nuevas,
con lecciones que aún no conocemos.
Tal vez soltar no significa olvidar,
ni borrar lo vivido,
sino agradecer lo que fue,
guardar los recuerdos con cariño
y seguir caminando.
Porque la vida es un viaje
donde algunos caminan a nuestro lado
solo por un momento,
pero dejan huellas
que nos acompañarán para siempre.
Y aunque duela soltar,
a veces también es la forma
más sincera de crecer.