El otro día me dijeron las palabras más bonitas que nadie me había dicho,
y no fue una mujer, fue un hombre,
me dijo; eres como mi hijo, te haces querer,
y lloré un buen rato.
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Hace mucho tiempo,
unas voces angelicales me hablaron;
Papá, no busques más,
no queremos saber nada de ti.
- A partir de ese momento todo cambió,
la noche se hizo dueña del día.
Llevo muchos años mirando al cielo,
Pero todo es oscuridad sin estrellas.
- Desde entonces, aunque el viento
sople suave y la duda quiera nublar mi entender,
guardo ese eco de voces imborrables
que perturban la razón, ¿sin yo saber?
¡De nada vale derramar más lágrimas!
Autores: Salvador Molina
Y
José López Moreno.