Entre suertes de números impares
vive este amor nuestro:
unas semanas — quince — otras, diez y siete,
por esa calle sin sol donde avanzamos…
yo sosteniendo caricias y tú con la sonrisa a mi costado, procurando no pensar…
cómo hemos llegado aquí.
Y en ese espacio elegido a suertes,
devolvemos poco a poco
las horas robadas a la vida,
cosiendo piel con piel,
beso a beso, labio sobre labio,
arrastrados por temblores que envuelven caricias;
volvemos a encontrarnos
en esa luz azul degradada
—donde nos fundimos—
juntos en ese pasado que, ya sin nombre,
casi nos arrastra; y el amor verdadero respira,
entregando su aliento sin esperar nada.
y así los dos juntos…
regresamos a ese lugar tranquilo
donde la herida calla.
Porque cuando el fuego en la piel se apaga
y la carne reposa en calma,
nuestros ojos se buscan con su verbo lento:
y se dicen lo que el alma susurra en esos versos
—para nosotros—
antes de decirnos adiós, amor mío…
te escribo ya mañana.