En cada surco de su piel que hiende
resuelto en reja fría
el paso de los años,
hay penas, alegrías
y mil noches insomnes;
que hasta que el alba muestra sus pupilas
han sido los guardianes
de tu incipiente vida.
Y al códice no escrito de su sabiduría;
debemos nuestra escala de valores.
Sin que se nos exija
siquiera compresión;
esperan sentir solo una caricia.