Curva furtiva en la mejilla
color manzana.
Mano acusante,
a Dios señala.
Un gesto torcido,
pasa doliendo.
Y el “no hubiera” atorado,
quemando el pecho.
Mientras los ojos de gorgona
acusantes me reclaman;
fresco recuerdo que taladra
en ortigas deja el alma.
Fue tan solo un yerro;
no fui quien tú buscabas.
Y en la boca, las palabras
del saludo que esperaba.