Ruge la bestia al norte con su tambor de guerra,
sus garras traen verdad manchada por la herida;
proclama ser justicia la espada enfurecida,
y pisa con su sombra la sed de antigua tierra.
Y tiembla hoy la montaña por despertar siquiera,
la noche abre unas grietas en ese pecho oscuro,
y los bosques se inclinan por designio inseguro,
arde el rojo del cielo porque vuelve la fiera.
Mas bajo su estandarte la muerte se levanta,
predica la libertad con hierro enardecido;
y escucha el mundo el dogma temblando en su garganta.
Pero toda sangre clama bajo el dios caído,
la historia alzará su voz contra la ley tirana,
y al fin su propio trueno cavará lo vivido.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026