En el baúl de mi memoria no hay orden.
Las cosas se mezclan: aquella tarde con olor a lluvia, una risa que ya no recuerdo completa, o la sombra de alguien qué partió y se alejó por la calle.
A veces lo abro sin querer y todo se mueve un poco, como si los recuerdos todavía estuvieran vivos.
Entonces vuelvo a cerrarlo despacio, no para olvidarlos, sino para que sigan allí respirando junto a mí, en silencio, pero aún vivos, como antes.
Como siempre.
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Rafael Blanco López
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