Río de fuego que abrasa mis venas,
son tus caricias en noches serenas.
Y en cada roce tu piel me reclama,
como una llama que nunca se apaga.
Sed insaciable que tu fuego sacia,
esperando el renacer de la aurora
y el sosiego de los fuegos calmados,
entre satenes y plumas doradas.
Mirando la luz del cielo estrellado,
buscando la comunión de las almas,
donde hablamos sin decirnos palabras.