CAMINO A CUENCA
Sierras mucho menores
se levantan a mitad del camino
en dirección a Cuenca, a la sierra
abrupta, monumental, la fortaleza rocosa.
Son montañas intermedias
con prados de color verde pajizo
entre dos masas de pinos,
o de color verde amarillo.
Fue elegido el mes de junio,
para salir de excursión
y también fin de semana,
un mes lleno de
radiantes horas
y de insólitos panoramas,
benigno en cuanto a su clima.
Con muy escasos recursos,
un grupo de aventureros
más bien prudentes que audaces
salimos ya por la tarde y, por la noche,
ya pisamos tierra alta,
un prado extenso y muy verde
que se perdía de vista, y un perro grande,
fogoso, que desde allá, a lo lejos,
se aceraba y se nos venía encima
como una colina blanca,
que avanzaba a grandes saltos,
poderoso pero torpe,
y que guardó aquella noche
nuestra tienda de campaña.
Un lago de la alta sierra
brilla más porque
¿porque está cerca del cielo
y libre de interferencias?
¿No será porque estas aguas
son más puras y quedan cerca
del astro rey en su cénit, y rodeadas de prados
de color verde jugoso?
Morenos, barbilampiños,
a quienes no nos gustaba
doblegarnos bajo el peso
de una luz tan imponente,
de un brillo tan permanente,
las cosas que sucedieron
suenan a cuento fantástico,
a proeza sobrehumana
por montes desperdigados
y asfixiados por el prado
tras una extensa jornada.
Gaspar Jover Polo