gaspar jover polo

CAMINO A CUENCA

CAMINO A CUENCA

 

Sierras mucho menores

se levantan a mitad del camino

en dirección a Cuenca, a la sierra

abrupta, monumental, la fortaleza rocosa.

Son montañas intermedias

con prados de color verde pajizo

entre dos masas de pinos,

o de color verde amarillo.

Fue elegido el mes de junio,

para salir de excursión

y también fin de semana,

un mes lleno de

radiantes horas

y de insólitos panoramas,

benigno en cuanto a su clima.

Con muy escasos recursos,

un grupo de aventureros

más bien prudentes que audaces

salimos ya por la tarde y, por la noche,

ya pisamos tierra alta,

un prado extenso y muy verde

que se perdía de vista, y un perro grande,

fogoso, que desde allá, a lo lejos,

se aceraba y se nos venía encima

como una colina blanca,

que avanzaba a grandes saltos,

poderoso pero torpe,

y que guardó aquella noche

nuestra tienda de campaña.

Un lago de la alta sierra

brilla más porque

¿porque está cerca del cielo

y libre de interferencias?

¿No será porque estas aguas

son más puras y quedan cerca

del astro rey en su cénit, y rodeadas de prados

de color verde jugoso?

Morenos, barbilampiños,

a quienes no nos gustaba

doblegarnos bajo el peso

de una luz tan imponente,

de un brillo tan permanente,

las cosas que sucedieron

suenan a cuento fantástico,

a proeza  sobrehumana

por montes desperdigados

y asfixiados por el prado

tras una extensa jornada.

 

Gaspar Jover Polo