Ya está bajando el sol
y la tarde, parece que se duerme.
La noche ha de llegar y él está lejos.
Cuando la gente se va,
deja un gran vacío en los pasillos
y huellas de su espalda en los cojines.
La casa es una alfombra,
una espesa hojarasca,
una violeta que quiere florecer.
Prometí que volvería y he vuelto,
aunque la gente se haya ido
y la casa me arrulle
con su dulce...
silencio.
L.G.