Luis Erick de Jesús Ávila

Romance.

La luna está dormida

en los brazos de la noche.

Se te ve bien ese broche,

también tu cadenilla.

 

Con ver tus labios

he quedado asombrado.

Ya estoy soñando:

desperté en el espacio.

 

Pensé que había muerto.

No sé si estoy vivo:

o sigo en el delirio...

de estar contigo.

 

No te he besado:

pero escribo versos.

Versos tan diversos

que has guardado.

 

Ese vestido de seda

se te ve de lo mejor.

Te quiero pintar con mi amor.

Tú haces que me pierda.

 

La luna ha despertado

con los versos que escribo.

Surgió un imprevisto,

pero se ha levantado.

 

La bella almidonada:

sale de su cueva.

Esta en espera

de una llegada.

 

Acompañada, la bella,

ve a dos enamorados:

dos almas que son gitanos.

Sonríe, la buena estrella.

 

Luego, ve a una pareja:

él le dedica poesías,

líneas de melodías.

En el agua su amor refleja.

 

Ve, a un hombre sincero

entregando su corazón:

regalándolo sin razón,

aunque no tenga dinero.

 

El dinero no lo es todo.

El sentimiento puro

se vive mejor, sin apuro

de tenerlo todo.

 

La joven luna escucha:

ve que viene un jinete.

Él viene del este,

y al verlo, se deslumbra.

 

El extraño se acerca,

y, al verla a ella

se la lleva a la bella...

y luego la besa.

 

De ahí nace un romance,

un amor de primavera,

un fruto de vida eterna:

que no va a marchitarse.

 

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Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

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