William26🫶

Biografía

BIOGRAFÍA 

 

Nací con un defecto curioso:

cuando la suerte tocaba el timbre

yo estaba en la ducha

o besando a la vecina equivocada.

No fue mala vida, ojo.

Solo que siempre llegué

medio paso después del aplauso.

Mientras otros coleccionaban diplomas

yo juntaba historias

en servilletas con manchas sospechosas

y números de teléfono

que al día siguiente

no recordaban mi nombre.

Trabajé lo suficiente

para no deberle demasiado

a los cobradores del destino.

Pero nunca lo bastante

para volverme uno de esos tipos

que hablan del clima

como si fuera una vocación.

A los veinte

creía que la vida era una escalera.

A los treinta

descubrí que era más bien

un ascensor caprichoso

que se detiene entre pisos

y te deja ahí

escuchando música ridícula

mientras decides

si gritas

o te ríes.

Elegí reírme.

No por sabio.

Por práctico.

Las tragedias pierden dignidad

cuando alguien se ríe en la sala.

Tuve amores memorables.

Una me quería

como quien guarda un cuchillo bonito:

con admiración

pero lejos del pecho.

Otra decía que yo era un problema.

Tenía razón.

Pero también era una buena historia

para contar después de medianoche.

Nunca aprendí

esa gimnasia social

de fingir que todo marcha perfecto.

Cuando algo se rompía

yo lo miraba un rato

como quien examina un reloj muerto

y luego decía:

—Bueno…

ya era hora.

Hay gente que cree

que el éxito es una cima.

Yo sospecho otra cosa.

He visto demasiados campeones

con cara de haber perdido algo importante

en el camino.

Algo pequeño.

Algo que no sale en las biografías.

Tal vez la risa.

Tal vez la piel.

Por eso sigo caminando

con mis derrotas a cuestas.

No pesan mucho.

Son ligeras.

Las derrotas elegantes

siempre viajan con equipaje de mano.

Y cuando algún imbécil

me pregunta si fracasé en la vida

le respondo sin levantar la voz:

Fracasé varias veces.

Algunas incluso con estilo.

Pero dime una cosa, campeón…

¿cuántas vidas aburridas

hay que ganar

para perder

una buena historia?