Un instante, un destello,
un susurro en el viento,
y el amor se despierta,
con un latido intenso.
Un roce de piel, un olor,
un recuerdo que se queda,
y de repente, todo cambia,
el mundo se vuelve nuevo.
Pero como la marea,
el amor se va, se aleja,
dejando una huella,
un rastro de su presencia.
Un recuerdo que duele,
un suspiro que se escapa,
un eco de lo que fue,
un amor que se quedó.
Pero la huella sigue,
en la piel, en el alma,
un recordatorio de lo que se sintió,
un amor que, aunque se fue, no se olvida.