LOURDES TARRATS

LA MELODÍA INDÓMITA

 

Bajo un cielo
que ya escucha nuestra música,
tu cuerpo y el mío
aprenden a entenderse sin palabras.

Somos amantes:
un secreto que respira.

Caminamos
como quien cruza un límite sagrado,
con la certeza
de que el mundo, por un instante,
dejara de girar para escucharnos.

Este amor traza en la piel
una música que nadie más puede oír,
una melodía suave, indómita,
que nos deja desnudos
hasta el alma,
y en ese roce que apenas existe,
tu piel reconoce la mía
como si ya hubiera vivido allí.

Nuestro amor no es un acto de fuga:
es un salto
hacia un lugar donde el tiempo no existe,
y la culpa de amarnos
se vuelve liviana
como tela lanzada al viento.

Nos miramos,
y nuestras miradas
son un continente entero
donde podemos vivir,
y en ese instante
la distancia entre nosotros
se vuelve sagrada,
donde solo cabe el deseo.

Pero la luz siempre cambia.

Y aun así,
cuando el día nos alcanza,
seguimos sintiendo
nuestros alientos
en el cuello del otro,
como si el destino —caprichoso, terco—
quisiera que nuestro nombre
siguiera ardiendo en el universo.

Si este amor es un error,
es el más hermoso de todos.