Abrióse las manos entre tanto lloraba.
La toda tormenta en antifaz del rostro suyo,
desprendíase en premuras y sudaba los labios finos.
Lloraba como un árbol su sueño de metal,
y por aquello todo es que se exfolió.
Por todo aquello cosquilléalo el viento,
entonces, y por ende deshácese en otoño.