El día está pesado, como milanesa de oso, diría mi viejo.
Llueve. Este jueves está todo empapado.
Mi mamá mira la planta de mandarinas y empieza a renegar porque no floreció, ni largó hijos.
-¿De qué te estás quejando? -le digo-. ¿No ves lo linda que está la planta?-
Que le dé tiempo, le digo. Que ya va a sacar alguito.
Pero ella me responde como quien ya sabe algo más que yo.
Que no todo funciona esperando.
Y ahí me quedo pensando.
¿Seré yo la que más fe tiene en esta casa?
Me da risa cuando caigo en cuenta de que sí.
A veces me digo que hay que tener paciencia, seguir esperando…
aunque también sé que no todo en la vida se resuelve así.
-Bueno- le digo-, si no salen, en abril compro mandarinas y listo. Así no me quedo con las ganas-
Mi mamá se encoge de hombros.
-¿Ves? Qué desperdicio cuidar algo que no quiso dar nada.-
Ahí entendí algo sin que ella sepa. Gracias má.