Mirando el futuro hecho de ojos pálidos:
un vuelo ardiente de gaviotas,
se come con ansias el horizonte
donde grandes muros
se asimilan sin saber.
Es la extraña forma
que tienen las palabras
cuando aglutinan
en sus sintaxis
dolor en su deber.
Las barreras de la mente caminan
en los espacios oscuros del ser;
Allí, en las arenas dormidas
una idea se procrea
con los vientos fríos del ayer.
Mil auras de luces duermen
en el ocaso de un azul
que no se deja ver.
Las melancolías
desconocen las razones
de la existencia
y los versos fluyen
desprovistos de paraguas
bajo una lluvia
donde surca un aguacero
que está por nacer.
Sobre los montes de años
se apila tiempo
y vagones de silencios
corren a los reencuentros
como desesperadas gaviotas
que atraviesan
el amanecer prístino
de un mar errante y salino.