DECLARACIÓN DE AMOR
El silencio de aquella noche
no era vacío…
era un susurro del destino
uniendo nuevamente
dos almas que jamás dejaron
de pertenecerse.
Caminábamos por la vida
como seres perdidos,
hasta que la luna, compasiva,
decidió volver a cruzar
nuestros caminos.
Y allí estabas tú…
como un recuerdo vivo
que jamás abandonó mi corazón.
Bajo aquella luna luminosa
te miré sin defensas,
y con el alma desnuda
te confesé lo inevitable:
que te amaba…
igual, o quizá más profundamente
de lo que siempre me habías amado tú.
La noche se volvió eterna,
cubierta de estrellas cómplices
que parecían inclinarse sobre nosotros,
bendiciendo ese instante
en el que dos corazones
decidían volver a latir al mismo ritmo.
Todo era magia.
El aire, el cielo, el tiempo detenido…
y yo sintiéndome luz
reflejada en tus ojos.
Tus pupilas brillaban
como luceros encendidos,
atrapando mis pensamientos,
mis suspiros,
mi voluntad entera,
mientras mi alma quedaba rendida
ante tu mirada.
Y esa forma tuya de mirarme…
tan profunda, tan infinita,
que hacía desaparecer el mundo,
dejándonos solos
bajo la vigilancia serena
de una luna blanca y silenciosa.
Te acercaste lentamente,
como quien teme romper un sueño,
hasta que tu aliento se mezcló con el mío
y comprendí
que ya no existía distancia posible.
Entonces llegó el beso…
suave, tembloroso, eterno.
Un beso que no comenzó en los labios,
sino en el alma.
Y la luna, desde lo alto,
iluminó nuestro destino,
sellando aquel momento
como un pacto secreto
entre el amor y la eternidad.
Recuerdo aún
cómo temblaban tus manos
al entrelazarse con las mías,
y cómo, en ese instante,
me sentí tu reina,
tu refugio,
tu verdad.
Aquel primer beso
no fue sólo un encuentro…
fue el nacimiento de un amor puro,
inocente y sagrado,
un amor guardado
como el más hermoso secreto
que sólo tú y yo conocemos.
Porque esa noche
no sólo nos besamos…
esa noche
nos reconocimos para siempre.
EVOLA.RL
RD 🇩🇴 5/3/2026