Quisiera poder escribir un poema
pero ya nada de esto siquiera me llena.
Vacío interno, herida que quema,
sufrimiento eterno, un gran dilema.
Recorro los surcos de mi cerebro,
me clavo las espinas que llevo adentro.
Por más que lo intente, algo me frena,
no sé si acabaré este poema.
No hay más sangre recorriendo mis venas,
no queda esperanza, solo el problema.
Perdida en el sueño de mi triunfo,
sintiendo cómo solamente me hundo.
Alma dolida, perdida, molida,
sigue luchando por una vida.
Ojos vendados, corazón arrancado,
sigue latiendo, no se ha apagado.
Soy yo mi único y propio verdugo,
la cárcel que me encierra y me roba el futuro.
Vivo perdida entre tanto dolor,
caminando a ciegas por mi interior.
¿Cómo se calma al corazón,
si siempre le tengo que decir que no?
Intento a intento, siento que pierdo,
una pelea que ni siquiera entiendo.
Busco salidas, alguna manera,
amar la herida no me consuela.
Mi sombra insiste y siempre me espera,
no hay solución en la que siga entera.
Viva o muerta acabo perdiendo,
ya no quiero seguir cayendo.
Que el viento me arranque esta condena,
y deje en calma por fin la marea.
Y si el viento decide llevarme lejos,
que sea la luz que me dé los reflejos,
que me guíen por dentro del huracán,
para poder llegar al final.