Hay un sabio consejo que no se marchita,
que perdura invicto a través de los años;
una verdad que en el alma se agita
y nos cuida siempre de nuevos engaños.
Queda una foto, testigo silente,
un refugio eterno tras un solo rincón;
guardando el recuerdo de forma latente
de aquel inmenso y puro amor.
Porque el tiempo pasa, pero no el olvido
cuando el sentimiento fue fuego y fue luz;
queda el tesoro de lo que hemos vivido,
cargando la gloria sin peso ni cruz.