Freddy Kalvo

¡Qué ironía, qué ironía!

¡Qué ironía, qué ironía!

El Águila Calva ataca

a los Gallos de los Bosques

y después, hasta se espanta,

si los Gallos le responden.

 

¡Qué ironía, qué ironía!

El Águila nunca es mansa

y ataca con poderío,

con soberbia y con matanzas

mas después, se victimiza,

cuando siente muchas garras

que los Gallos tienen listas

porque la defensa es clara

y legítima en las guerras

que le imponen unas plagas

de Abubillas insolentes

junto a las Águilas Calvas.

 

¡Qué ironía, qué ironía,

que el dolor no de enseñanzas!

Con las guerras mueren tantos:

niños, niñas y hasta ancianas,

en las manos de Abubillas

y las Águilas malvadas

que arrogantes por el mundo

van hiriendo muchas almas

y la historia bien devela

que el imperio no descansa.

 

¡Qué ironía, qué ironía!

Que se sumen como esclavas

Águilas Cabezas Negras

y los Gallos de la Galia

que obedecen al imperio

en la loca y cruel batalla

que se cierne en el Oriente

con morteros y con balas

que derraman mucha sangre,

pues… ¡es sangre que derraman!

 

¡Águila Imperial Ibérica,

qué bueno que te desmarcas

del ataque del soberbio

conteniendo tus dos alas,

pues los odios van creciendo

cuanta más venas desangran…!

 

¡Qué ironía, que ironía!

Hoy el cielo se destapa

con estrellas que fugaces

deslumbrantes ves que pasan

y destellan cuando caen

sobre calles, sobre casas,

edificios y unas bases,

donde el mal siempre se guarda

en pertrechos guerreristas

que al ser muchos, nunca acaban.

 

¡Qué ironía, qué ironía,

se mató a la diplomacia!

Así actúa el poderoso

y con todo va y arrasa.

El poder sobre el petróleo

siempre suele ser la causa

de nefastas invasiones…

¡Ay de aquellos que lo aplaudan,

a sabiendas que provocan

tanta sangre derramada!