Tu boca era un corazón,
un pálpito de fuego;
Tu beso era un suspiro
desde el alma.
El cielo un empedrado de ilusiones.
Tus pies eran deseos,
buscaban camino;
tus piernas eran columnas
de tu propio cuerpo.
El cielo un empedrado de ilusiones.
Sobre la fortaleza de tus hombros
de acero y de cristal,
dormían las golondrinas
sus pesares.
El cielo un empedrado de ilusiones.
Ya el día amanecido
tus deseos se evaporan,
tu mirada se dispara
del suelo al infinito.
Y el cielo es un empedrado de ilusiones.