El hombre de la orquidea

El Amor que Transforma

Si alguien supiera la historia que en mi pecho habita,

dirían que estoy loco, que mi mente está marchita.

¿Cómo amarte así, tras años de incierta espera,

a una mujer que solo en mis sueños hoy impera?

Me dirían que amarte es abrazar el vacío,

a quien tuvo el todo y marchóse con su brío,

dejando el corazón roto en mil fragmentos,

borrando su nombre de mis versos y acentos.

Me dirían necio por amar a quien nada me debe,

tras darle mi alma, el sol, la tierra y la nieve.

Por amar a quien cerró la puerta en la aflicción,

negándome el consuelo de una última oración.

¿Acaso amar así es de sádicos o de dementes?

¿Seguir buscando amor donde solo hubo ausentes?

Pero recuerdo al Creador en su trono de luz,

que entregó a su Hijo por amor en la cruz.

No pretendo ser Dios, ni igualar su grandeza,

pero sé que el amor tiene tal fortaleza,

que puede sanar lo que el mundo ha quebrado,

y elevar lo que el tiempo ha dejado olvidado.

No te juzgo, amada, por el dolor causado,

ni por el frío invierno que mi ser ha soportado.

Mi amor es ofrenda, no busca retribución,

es luz en tu noche, paz en tu corazón.

Te entrego mis días, mi vida y mi aliento,

para ser el refugio en tu peor momento.

Vuela libre, alma mía, encuentra tu calma,

que mi amor sea el puente que sane tu alma.