Si todo lo que se ignora y la inmensidad de la comprensión es posibilidad de conocimiento,
y lo aprendido apenas un fragmento de lo que queda por alcanzar,
entonces se sabe más por lo que se desconoce que por lo caminado o por andar.
Ni con un millón de vidas se agotaría lo que hay por comprender en este laberinto que llamamos eternidad.
Y así, avanza el caracol sobre la tierra, procurando humedad,
con sus antenas como brújula y guía, hacia suelo más fértil, hacia mayor complejidad, profundizando en cada paso que da:
En una escalinata que tuvo principio y desconoce final.
Como un grano de arena en dirección al mar, camina lento, con la mirada al frente, sin volver atrás.
Y en ese ser y estar, sabe más por lo que ignora que por los peldaños ya recorridos y los que aún quedan por alcanzar.