A veces callar duele más que gritar al viento,
la lengua pide fuego si el orgullo se inflama;
pero avivar cenizas solo agranda la llama
y deja en carne viva latiendo el sentimiento.
La ofensa es hoja seca girando en el momento,
si soplas sobre el polvo la tarde se derrama;
más quien recoge el aire y el pulso bien reclama
descubre que el silencio también es argumento.
No todo desafío merece tu batalla,
hay guerras diminutas que empobrecen la vida;
discutir sin sentido es sembrar en la muralla.
Mejor dejar que el río desgaste la crecida,
que el mar, viejo artesano, desate la metralla,
y el alma, con paciencia, se salve de la herida
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026