Pensándote me halló la Luna en el umbral,
y atrevida osó cruzar mi portal.
Se hizo de luz en plena sala,
y un viento brusco alzó el mantel.
Entonces la cubrió, y en brevedad vi;
cobraba lentamente forma de una mujer.
Me hallé abismado en tal escena,
al ver el rostro de tu ser.
Al instante corrí, queriéndote palpar.
Y en cuanto te toqué —o es lo que yo creí—
La noche dio un espectro extraño de tu piel,
yo seguía sentado. En fin, inmerso en ti.