el sonido del mundo

Cuando solo queden mis huesos

El día que muera, y solo queden mis huesos,

De mi estómago saldrán múltiples mariposas;

Cada mariposa tu nombre va a susurrar.

 

Cuando solo queden mis huesos

Mis latidos se confundirán con los tuyos:

Seremos uno solo.

 

Cuando solo queden mis huesos

Aún vibrará en ellos

el eco de mis manos temblando al rozar las tuyas,

la electricidad breve que corría por mi espalda

cuando pronunciabas mi nombre.

 

Cuando solo queden mis huesos,

Entre las costillas dormirá

el calor que me incendiaba el pecho,

esa llama dulce que hacía arder el aire

cada vez que tu risa rozaba mis oídos.

 

En mis falanges quedará

la memoria de tu piel,

su textura suave como promesa,

la urgencia de no soltarte nunca.

 

Cuando solo queden mis huesos y mis ojos ya no miren,

persistirá el vértigo de encontrarte de pronto,

el mundo inclinándose

cuando tus pupilas chocaban con las mías.

 

Porque amarte fue eso:

respirar más rápido,

sentir la sangre bombear y recorrer mis venas,

la piel erizándose como si el universo

me susurrara que eras tú.

 

Y cuando solo queden mis huesos,

no habrá muerte que apague

la fiebre dulce de haberte amado.

 

Porque aunque mi final ya haya llegado, la miel de mi amor persistirá en la tierra, endulzando el mundo con mi partida.

 

El sonido del mundo.