Se va el verano
y la piel todavía arde.
Qué cosa, ¿no?
Como si el calor
no viniera del sol
sino de una voz
que no está acá.
Las tardes se acortan
pero hay fuegos
que no entienden de estaciones.
Yo camino tranqui
me hago la distraída
la que no cuenta los kilómetros.
Pero hay distancias
que no enfrían nada.
Al contrario...
Hay ausencias
que aprietan más fuerte
que unas manos.
Y qué culpa tiene el otoño
si el cuerpo cuando aprende
un nombre no lo desaprende
Aunque esté
al otro lado del mapa.