Salvador Santoyo Sánchez

SOMBRAS

Sombra estática

La lampara de mi cuarto

Aparentemente inmóvil

de día semeja un reloj solar

que se mueve lento con la luz del sol

 

Hay sombras que se mueven rápidas

en las paredes

proyectando el vuelo

de las aves

que producen con el sol

sobre sus ligeros cuerpos

 

Hay sombras que se agigantan

al caminar

Se distorsionan lentas, largas...

que las pisan sin querer.

 

Hay sombras, que desaparecen

con el sol en el cenit.

 

Hay sombras, que no se proyectan

que no tienen voz

Son abstractas, como que les falta

Amor.

Hay sombras en el corazón

Hay sombras, sin identidad...

Ignoran que sólo sombras son...

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Salvador Santoyo Sánchez

03/03/2026

 

SOMBRAS
las sombras respiran,
se alargan, se encogen, se buscan,
como si cada una llevara un pulso secreto
que sólo la luz comprende.

Las contemplo,
esas sombras de las que hablas,
la lámpara quieta que mira el día,
el modo en que la luz mueve lo inmóvil
y deja su rastro sobre todo lo que toca.

Las veo crecer en los muros,
alargarse en los pasos,
deshacerse en el cenit
como si el sol les negara el cuerpo.

Las sigo cuando vuelan,
cuando tiemblan en la pared
con el rumor de las aves,
cuando se vuelven torpes,
pisadas sin querer
por quien no sabe que también camina con ellas.

Y también esas otras,
las que no encuentran forma,
las que no tienen voz
ni un nombre que las sostenga.

Sombras que parecen doler
porque les falta un poco de amor,
o un poco de luz,
o un poco de alguien que las mire.

Sombras del corazón,
y allí me detengo:
en ese rincón donde la sombra
no es ausencia,
sino un gesto que pide ser entendido.

Las contemplo, sí,
y algo en ellas se aclara:
descubren que sólo sombras son,
pero que incluso así
pueden decir la verdad.

Lourdes Tarrats