Carolina Ugas Pazos

HamadrĂ­ade perdida, luego encontrada

Ella salió con el eclipse lunar

la luna de sangre bañó sus cabellos

y su cuerpo quedó hechizado

por la noche multiplicada.

 

Millones de estrellas la cubrieron

escarchándola de pies a cabeza,

erizada se asustó un poco de sí

y del poder de su transformación.

 

Decidió perderse,

cortar el lazo con su nodriza

y perderse

con decisión, sin temores,

escapó entregándose a si misma

dote silenciosa y unívoca

a los dioses de la tierra y del fuego.

 

Sin guirnalda viajó

de edad en edad

y de siglo en siglo,

unos la vieron navegando en

las oscuras trirremes de los Aqueos,

otros lanzando saetas de plata

junto a las amazonas negras Agojie,

el cuerpo de élite

del antiguo reino de Dahomey,

sin embargo su mayor logro

fue en Epidauro como sanadora

bajo la guía de Asclepio

y también en la cordillera andina

curando con las sagradas plantas

y enseñando como amauta.

 

Volvió sobre si

girando sobre sus talones

y lavada en oricalco

se asombró de su magisterio.

 

Todo lo que sé de hierbas

y de rizomas curativos

se lo debo a ella

y a sus conocimientos

que no son pocos

y que se heredan

de hembra a hembra.

 

OLLIN

03/03/2026