No busques culpables afuera.
La ansiedad es un cuchillo que tú mismo afilas
con la piedra de tus propias certezas.
Es el pulso que se acelera
no porque el peligro sea real,
sino porque tu mente prefiere el incendio
a la incertidumbre de la calma.
Sostener el filo no es huir del miedo;
es mirarlo a los ojos mientras te quema
y decidir, con el pulso temblando,
no soltar el arma,
ni usarla contra ti.
Que el temblor sea tu guardia,
pero no tu verdugo.
Antonio Portillo Spinola