No es la cobardía ni el miedo supremo, es ese silencio del cual ya no temo. Es la blanca insignia que levanta el alma, hallando en el caos, por fin, dulce calma.
Luego de ser un errante lobo altanero, protejo mi paz como un noble guerrero. Ya guardé el orgullo de la cruel batalla, y dejo que el sol bañe hoy mi muralla.
No busco la gloria ni el grito impaciente, me basta el susurro del agua de frente. He visto la furia que el mundo destila, y elijo el remanso del alma tranquila.
Pero que nadie se engañe ni la quietud distorsione, que este lobo no come pasto, ni hay quien su furia aprisione. Prefiero elegir la paz y dejar la espada afuera, pero si tocan mi calma, me convierto en una fiera