Quisiera decir que copos blancos vestían de novia el malecón, que fue como en esas películas noventeras con despedidas perfectas en Nueva York, pero hacía tanto calor.
Tanto
que
las venas me hervían.
La noche, una camarera que llegó preguntando cuán mas ha de ofrecer, sonriente, cómplice, con su luna llena de estrellas, de dos enamorados.
Si, nos recuerdo tan bien.
Y pasó una ventisca de aire, pasaron besos y lluvias tórridas que nos hizo reír tanto, tanto, que nos dolieron las tripas. Y mientras corríamos en refugio tan empapados, de pronto lloramos.
Tu no querías, yo tampoco.
Pero que sabe el corazón donde mandan ojos tristes. Ojos viendo por última vez lo que más amaban en el mundo.
Y esa noche fue la última
Tú no querías, yo tampoco.
Pero que saben dos adolescentes cuando el destino demanda crecer.
Me grabé tu cara, te lo juro
Y he de asegurarte que recuerdo cada facción
Nos recuerdo bien.
El mar intranquilo, preocupado
Tu y yo mojados, tristes
Un farol detrás, alumbrando nuestra sombra. Rompías el silencio para decir amar mis rizos. Abrazados sabiendo que jamás será otra vez. Pausados en el tiempo, tú te vas y yo me quedo.
Sé que no te querías ir…
Yo no quise despedirme.
Cuantos años han pasado, aún me llamas cada tanto, aún me cuentas de tu vida, de tu esposa, tus avances. Aún me pides que te lea esos poemas que detesto, aún me pides volver a verme aunque sea solo un día. Aún te sigo negando cada vez ese reencuentro.
Aún hablamos de la carta que te dejé en adiós, de esa carta tan cobarde que guardaba despedida. La que no pude darte aquel día, en esa noche calurosa.
La recuerdo bien, esa última agonía, la más dolorosa de mi vida, esa en el malecón.