Pasivo suicida.
Normalmente, entre dos y cuatro a. m.,
grito —aferrándome a que aún es pronto—.
Cuando desafinado suena el ruido en mi cabeza
y rechina en sus centros mi nuca,
al rugir de la puerta
que siguen tocando
y que no he de abrir.
Se me corta la respiración:
cáscara de huesos roídos
que, petrificada de terror,
yace
sin poder quebrar el cascarón.
Carcomido en estaño,
prefiero rezar al fluorescente alvéolo
que lo conecta todo,
para pretender
que así escaparé,
al menos yo.
Perseguido, voy volteando a todos lados
en cualquier camino:
acelerado,
desenfrenado.
Pues desesperado llegué aquí
y ya me he hartado
de todo lo que me había gustado.
Una exhalación menos me queda
y, al fin, zurdo...
Sigo con mi tendencia
de moverme hacia la izquierda: nulo.
Un té cargado, sin azúcar ni leche,
me amarga la mirada.
Mi pupila dilatada desde temprano.
fría, y empapada,
se aleja a donde puede
para apenas ver verde.
Hundo la lengua en pimienta
y, por costumbre, tomo polvos pica-pica
con rabia
para el desayuno.
Y como cereal con veneno para ratas
y recuerdos amargos
para la merienda.
Sedado y taciturno, deambulo
entre despierto y dormido.
Me acomodo
para tratar de respirar menos congestionado
y, con algo de tortura,
aliviar mis pulmones
en zinc galvanizados
que producen las asquerosas flemas.
Se repite el verso gastado
en las voces dolidas
de tantas víctimas
del ácido de limón
con el que, de a poco,
nos va cocinando la vida.
Lugar común:
fumar con ella en la azotea.
Un momento de vergüenza.
De vómito etílico en público
en una tarde
de cielo helado napolitano...
O una tarde
de llanto desgarrador
en el asfalto mojado.
Verso anunciado
es verso copiado,
en verbo y gracia,
fantasía fonética son las cacofonías del pasivo suicida,
y la gente dice
que es solo escribir poesía.
Hasta en los días más brillantes
es de noche
en mi entrecejo.
Y quieto...
lleno de ansiedad, pero quieto...
estoico hasta en el borde.
Se repite ahora,
por vez octava,
la primera melodía.
Y a las tres con cinco de la tarde...
Treinta y cuatro grados.
Y yo, de frío, sigo temblando oscuro.
Medianoche.
O casi.