IV
Qué es el poder, que sin él
nada seríamos,
qué es el lobo que, sin serlo,
pudo romper el acuerdo
que formoso lo intervino
en la lámina que tantos
disgustos recibieron, y el olor
que sabe...
Y luego estoy yo:
que me seco con mojado,
que leo ciego…
Mas tendré que proseguir antes
que la lluvia moje:
le agradeces la vida y sonrisa,
su cuerpo deja el hueco vacío
y su mirada el pozo sin fondo
que dibuja lo que me dicta
el alma,
porque de nada sirve
y sin entender el porqué
de mi altísimo músculo: el cerebro.
Que sin pronunciarlo acabo tocándolo
y sin sentido desahogarlo para
el próximo, que será mañana el día
que vendrá Augusto,
y con Roma como romano,
con reina por Isabel,
por Fernando como rey,
es la herida que no
será cerrada,
y sin esperarlo
acabé muerto,
y sin quererlo, malcriado.