III
Es tu risa la luz del
camino que sigo;
tu voz, la melodía fantasiosa
que retumba en mi seso;
tus ojos, los que al ver
que me ven, en mí felicidad aparece pura;
tu cuerpo, al que me imagino y al
que deseo ver, tocar y acariciar
ayer, ahora, mañana
Dos versos, que te escribo
nada comparado al abismo
que mereces: espero, que
aunque breve, dos veces,
sea bueno.
Ya que si no te veo muero
y si no te tengo me desintegro.
Al escribirte te siento,
y al nombrarte te tengo.
Mi vida, al ser no mía
sino tuya.