Azorero

Rutina

De un vicio, cualquiera es testigo

de ver la calma, tan larga estriba.

Convertida por la rima de tu parpado mendigo,

en una galvanizante brida.

 

Desorientado, desordenado y desinhibido

depositado en el fondo, y lo más hondo

de tus capas frías, aspira ver el espeso humo

que ciega tu rumbo, y aclara el céntimo

peso de rutinarias vividas.