Ya tus ojos no acarician mi mañana,
ni destierran las penumbras de mi piel;
esos soles que alumbraban mi ventana,
al marcharse me robaron de su miel.
Tu boca me envenena sin su beso,
sentenciándome a callar sin su sabor;
el silencio que dejaste me hizo preso,
ya no hay labios que adivinen mi dolor.
No me amarran los suspiros de tus brazos,
y tus manos se olvidaron de mi olor;
solo en sueños hoy me estrecha tu regazo,
ahora el frío duerme aquí con tu calor.
Tu pecho sin su ritmo me atormenta,
esa música que amamos se perdió;
ya el vibrar de nuestros cuerpos no calienta,
el latido de tu ardor desafinó.
De tu espacio recorrí la anatomía,
en destellos se escapó tu corazón;
la nostalgia de tu cuerpo la hice mía,
hoy tu ausencia sigo amando sin perdón.