Y yo vi cómo se mataban
por simples espigas,
y a mi diestra se lanzaban
por conocimiento infinito,
retando a la misma naturaleza:
se proclamaron omnipotentes.
Y Dios, al ver todo esto,
los hizo arder en su propio fuego.
Mientras ellos se retorcían,
se preguntaban: ¿por qué, Señor?,
al mismo Señor que negaron.
Y pude ver con claridad que ardían,
devorándose unos a otros.
También vi a quienes permanecieron
firmes como roca de montaña.
Y mientras todo pasaba, Dios lloraba.