Tras de pensar en ti, soñar contigo
y al despertar, no viéndote a mi lado,
con ansiedad buscarte, no te digo
cómo he de estar por ti, de enajenado,
mas ni en sueños me cabe una pequeña
esperanza de, al fin, poder tenerte,
te imagino en tu torre marfileña,
del todo inaccesible, mala suerte.
Soy como un peregrino que camina
hasta tu santuario, allá distante,
que apenas se divisa, entre neblina,
para, al fin, no lograr nada importante.
como máximo logro, uno imagina,
que, estando de algún otro enamorada,
mi aura tenue en ti se difumina
en breve, sin quede luego nada.
© Xabier Abando, 02/03/2026