Aquí estoy, bajo este cielo de ceniza y olvido, donde el eco de tu nombre es el único sonido. He dejado todo atrás sin mirar la huella, un náufrago de mí mismo bajo una sola estrella.
Empieza desde hoy esta vida, un desierto personal, donde cada paso es una losa, un tributo al mal. Solitaria y vacía, mi rutina es la nada, una hoja muerta que el viento no arrastra ni guarda.
Mi mundo ya no es el mismo, es un lienzo rasgado, la melodía que fui ha sido silenciada a mi lado. He perdido todo, la luz, el puerto y el camino, solo queda el frío, el espejo de mi destino.
El amor que fue un incendio, una llama sin final, donde se ama demasiado, se ha convertido en un \"jamás\". Esa inmensidad de afecto, esa entrega sin medida, es ahora un \"adiós\" de acero que me atraviesa la vida.
Le aposté a la vida mi última ficha de plata, y me dejé ganar, la derrota ya me desata. Solo vivo del recuerdo, ese dulce veneno tibio, que me regala la risa antes de volver al hastío.
Con espasmos de un recuerdo malo, la herida se abre y arde, sabiendo que la dicha no vuelve, que siempre es tarde. Aquí estoy, un cuerpo sin sombra que vaga sin rumbo cierto, testigo mudo de que hasta el alma puede sentirse muerto.