Eres la luz primera que al despertar me guía,
el nombre que pronuncio para nombrar el día.
Antes que el sol asome su rayo en la ventana,
ya tu recuerdo envuelve mi alma en la mañana.
Eres la voz silente en mi primera oración,
la huella más profunda dentro del corazón.
A pesar de los pesares, y el tiempo que no para,
tu esencia es la mirada más dulce y la más clara.
Me diste aquí en la tierra un trozo de aquel cielo,
y en él encuentro abrigo, refugio y consuelo.
No existe fuerza humana, ni viento, ni distancia,
que arranque de mi pecho tu eterna fragancia.
Te llevaré conmigo, constante y verdadero,
hasta el último aliento que sea mi lucero.
Porque grabada estás en mi ser más profundo,
como el amor más puro que he tenido en el mundo.