I
El uniforme aún está perfecto,
sin manchas, sin memoria del desastre;
la mochila cruje de entusiasmo
como si fuera a cambiar el mundo.
Los cuadernos huelen a promesa,
las hojas blancas no juzgan nada;
todo parece limpio y posible
a las siete y media en la mañana.
II
El despertador suena temprano,
más temprano que en todo el verano;
la cama susurra “cinco minutos”,
con voz peligrosa y convincente.
La madre grita desde la puerta:
“¡Es hoy, no puedes llegar tarde!”
El héroe escolar se levanta
con dignidad… y sueño en los ojos.
III
El espejo muestra otro peinado,
ensayado frente al vidrio en casa;
pero al cruzar la primera esquina
el viento decide opinar distinto.
El estilo cae sin ceremonia,
la autoestima negocia condiciones;
aún no comienza oficialmente
y ya hubo primera derrota.
IV
La entrada es desfile silencioso
de caras nuevas y viejos temores;
todos aparentan seguridad
mientras buscan dónde sentarse.
El asiento elegido define
amistades futuras, tal vez enemistades;
una silla mal calculada
puede marcar el año entero.
V
El profesor entra con carpeta
y una sonrisa que no tranquiliza;
dice: “Este año será diferente”,
frase que nunca trae descanso.
Habla de normas, habla de metas,
habla de esfuerzo y responsabilidad;
la palabra “examen” aparece
como nube en día despejado.
VI
La lista de nombres comienza lenta,
cada uno responde “presente” firme;
pero hay siempre un apellido
que nadie sabe pronunciar.
El dueño levanta la mano
con resignación practicada;
sabe que esa batalla
durará hasta diciembre.
VII
Se reparten hojas informativas
que parecen contratos de alquiler;
fechas, trabajos, porcentajes,
normas sobre puntualidad.
El entusiasmo inicial
reduce su volumen discretamente;
la hoja pesa más que la mochila
cuando incluye la palabra “proyecto”.
VIII
En el recreo surgen alianzas
con base en gustos musicales;
uno pregunta “¿qué te gusta?”
como quien examina credenciales.
Una risa compartida basta
para iniciar una amistad;
a veces el destino académico
empieza con un meme en común.
IX
Alguien promete este año estudiar
desde el primer día sin fallar;
organiza horario, subraya colores,
jura que no procrastinará.
La determinación brilla fuerte
como sol de enero decidido;
nadie menciona que en tres semanas
existirá la palabra “mañana”.
X
La clase termina sin tragedias,
sin exámenes sorpresa aún;
la campana suena victoriosa
como himno de liberación.
El héroe recoge sus papeles
con gesto serio y responsable;
pero en su mente ya calcula
cuántos días faltan para vacaciones.
XI
Al volver a casa se repite
el discurso oficial del entusiasmo:
“Todo estuvo bien, interesante,
creo que será un buen año.”
Se omite el detalle del susto
cuando mencionaron la materia difícil;
la esperanza siempre habla primero,
el pánico espera su turno.
XII
Y así comienza cada ciclo,
entre promesas y leve temblor;
el primer día siempre es teatro
donde todos actúan valentía.
Pero detrás del humor y nervios
nace algo pequeño y verdadero:
la posibilidad de aprender,
y también de reír en el intento.