Es el poeta que nada jubiloso
en olas de vaivenes cristalinos,
entre espumas de luz
y un fondo azul marino.
A ratos se salva de la tristeza,
se escabulle de la tormenta,
y luego canta, ríe y ama;
volviendo al mar encantado
en una danza que fluye y despierta.
Bajo cielos despejados,
asoman pétalos de rosa
que, desafiando al viento,
suben con el fervor del alma
para coronar la euforia.