Mil vaggio

Te ruego me perdones.

Te ruego que me perdones por no haberte amado como querías; a veces no entiendo los paradigmas sobre el amor, ignoro cada vértice y cada forma en sus maneras de actuar y presentarse ante mi vista. Te ruego me perdones porque sé que te diste entera, sé que veías en mí un alma imperturbable y caritativa, sé de las noches que te ibas a dormir y cerrabas tus ojos con mi imagen rozando tus sueños. Y en verdad que yo quería quererte, yo sabía en mis adentros que la magia que tú tenías no era una chispa accidental. Pero el amor es así, querida mía, es un delirio y un remedio, jugar un poco a la suerte y un poco tener una mano ganada. Te ruego me perdones por los días que mi ausencia y mi indiferencia te volvieron una mujer triste e indiferente con la vida; el que no ama no encuentra palabras para no amar, excepto el perdón que nada significa en el lenguaje del desdichado. Uno se larga y deja tirado al otro en medio de la nada como si el corazón se reiniciara tras el adiós. No sé cómo justificar la falta de mis sentimientos, quizá soy un analfabeto en el lenguaje del corazón.